Al ver el tema de la semana, vienen a mí toda clase de emociones; Intriga, duda, curiosidad,¿ y porqué no? Un poco de Miedo y escalofrío...
La verdad, creo que eso de los "Espíritus chocarreros", brujas, duendes, fantasmas y demás seres para algunos imposibles y para otros reales, es algo inquietante pero bastante cierto. Aunque en ocasiones, la gente se llene de cuentos e invente historias que simplemente están en su cabecita o son producto de sus mayores temores o fantasías, de que los hay, los hay. Es imposible pensar que en este mundo estemos solos; y aquellos que algún día se fueron, no estén más cerca de lo que creemos.
En mi caso, no sé porqué pero no soy esa clase de persona que se asusta con una película de terror o con las historias que se cuentan en una noche de Lluvia con la luz apagada.
A Pesar de eso, una vez si me llevé un "Sustico" Terrible...
Transcurría Noviembre del año 2006. Yo, tenía solo 13 añitos y me encontraba en mi colegio, que es algo grande, lleno de pasto, árboles y manejado por sacerdotes.
Y Claro está, el colegio tiene Su historia como todos los de ése estilo. Que fue un cementerio, que era un internado, que una monja se suicidó, que el gran piano se tocaba solo, ¡En fin!. Un sin número de historias que le contaban a uno desde que entraba al colegio y pasaban de generación en generación.
Era puente, yo estaba en un grupo del colegio y ese fin de semana nos harían unos talleres. Obviamente, ello implicaba quedarnos a dormir en unos salones fríos y andar con cobijas por todo el colegio, ya que ahí, siempre hacía un frío Impresionante.
Eran aproximadamente las nueve de la noche, íbamos envueltos en unas cobijas tres niños y tres niñas, nos dirijiamos hacia las canchas a encontrarnos con el resto, y estábamos pasando por un lugar donde hay unas rejas que dan a salones.
Precisamente, en ese momento, hablabamos de fantasmas y de sustos. Cuando de repente, uno de mis amigos voltea a ver hacia una reja y nos dice: ¡Miren! y ahí estaba... Lo que parecía ser una mujer de baja estatura, con pelo negro y muy enmarañado hasta los tobillos. Vestía una túnica blanca que le llegaba hasta los pies.
La impresión fue terrible, todos nos quedamos intactos, sin pronunciar palabra y mirando esos ojos rojos que estaban fijos en nosotros y esas manos, que parecían querer arrancar la reja.
Lo único que se nos ocurrió después, fue correr y gritar hasta llegar a las dichosas canchas. Todos quedamos impactados, algunos se pusieron a llorar y nadie nos creía.
Creo que siempre recordaré esa historia, porque aunque no fue lo más terrorífico, fue impactante. Pues no es casual que seis personas vean lo mismo y de la misma manera.
Sin embargo, siempre he pensado que todo eso pasa por algo y no es tan anormal como se ha catalogado...
Hay que tenerle más miedo a lo que podemos ver siempre, a lo que nos puede hacer daño, a los vivos y no a los muertos.
MUY CIERTO DEBEMOS TENERLE MIEDO A LOS VIVOS Y NO A LOS MUERTOS MUY BUENA HISTORIA Q MIEDO
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