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jueves, 21 de julio de 2011

La peor vergüenza de mi vida.

Ah las vergüenzas… hace algún tiempo que no me he sonrojado por mi propio apremio a hechos devastadores en mi equivoco o poco ortodoxo actuar...

Pero el más grande hecho histórico irrisorio en mi vida fue por allá en mis épocas de colegial, donde aunque realmente no había definido ni mi carácter ni mi sentido del humor, de algo si estaba seguro no había un mejor candidato como yo para tener varios encuentros a muerte con la mala suerte…

Habían pasado ya las vacaciones de verano (o mejor ¿mitad de año?), el año lo recuerdo como el desayuno de hoy 2000 a pesar de todas las maldiciones a aquel número habíamos sobrevivido al Armagedón, bueno no me despisto con adornos literarios… directo al grano… allí en la portezuela donde finalizaban los escalones estaba ella quizás la niña que en ese entonces más me gustaba, tenía toda en absoluta toda la intención de confesarle aquel tierno “amor” que antaño sentía, había me puesto yo mi mejor gala (si era un maldito “jean day”); todo parecía adecuado… cuando cruce finalmente las escaleras me devolví compre una coca-cola 200 ml que en efecto valía 250$, subí desesperadamente al encuentro con mi portentosa doncella… y Zaz! Justo mientras corria tropecé con la escalinata, humedeciéndome irónica y cómicamente mis pantalones, allí aquella misión fracaso para siempre como si el mejor acto de comediante se tratase en las risas de las multitudes, y en mi sensación inminente de fracaso.

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